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De pronto sentimos una claridad y una voz dijo
"Señora es un gatico", otra voz dijo "No, que horror, son
dos" , la dueña de esta voz nos levantó, pero estas garras fueron
suaves y blandas, nos pareció que era eso que llaman manos, pero: ¿Cómo
podían ser tan distintas? Eran como un refugio tibio y acogedor que calmaba
nuestro terror; sin embargo seguimos gritando y pataleando un poco. Nos
llevaron adentro de una casa, nos revisaron minuciosamente inclusive patas y
colitas y nos pusieron en un sitio que Ella llamó "El Retén", nos
trajeron unos platicos con comida, que les diré, nos provocaba mucho , porque
a estas alturas teníamos un hambre fenomenal, pero por más que metimos
cabezas y patas no hubo forma de que llegara a nuestras barriguitas. Ella dijo
" Caramba, no saben ni comer,.... si los iban a botar por lo menos los
hubieran dejado con su mamá hasta que aprendieran"; trajo entonces un
líquido en una especie de tubito que llamó tetero, por suerte me lo puso
primero a mí en mi boquita, pero tenía un pico duro y seco; de pronto de
allí empezó a salir un rico líquido blanco y tibio, claro ,no tan rico como
el de nuestra mamá-gata, pero nos hizo entrar en calor y confortó nuestras
barriguitas .
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