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Cuando conoci a mi Mamá Clemencia, la estaba esperando metida en una cajita
de cartón adornada con un gran lazo de cinta rojo.
Como yo nací blanca con antifaz negro en mi
carita, pues el contraste creo que les encanto a todos.
Dicen
que parecía un copito de algodón,
juiciosa, sacando mis manitas de la caja de regalo en que me metieron, pero
eso si, quietecita. No sabía que estaba esperando
hasta que ella llegó. Mi Mamá Ximena, hija de mi
Mamá Clemencia, estaba feliz de ver que reacción
iba a tener yo pues ella sabía con cuanto amor iba
a ser recibida. Y si, así fue, apenas me vio, se
emocionó mucho, me saco inmediatamente de debajo del árbol
de Navidad en donde me habían colocado como sorpresa, me alzó
con alegría y ternura y . . .
desde esa noche comenzó
para las dos y para todos los que conocí y me
conocieron, una vida linda, llena de cuidados, de amor y de alegría
para mi.
Lo
mejor para mi fue cuando llego la Noche de Navidad, 24 de Diciembre, que al
terminar la novena empezaron a repartir la cantidad de paqueticos que habían
ido poniendo mis Mamás todos esos días en el
árbol. Y, de pronto oir que Mamá Clemencia decía,
cogiendo uno de los paqueticos : De Niño Dios para Okina, como no sabia que
pasaba, y viendo que continuaban llamándome, pues
corrí y oh! sorpresa, en el paquetico con forma de
zapato o bota según decían,
había adentro una cantidad de cositas cuadradas y
de otras formas que instintivamente comencé a
comer (llamados por mi Mamá los "uches ") y desde
ese momento me volví una adicta total a ellos. Me
fascinaron. Que ricos estaban .!
Cuando tenia como unos 4 meses y medio y ya era ama y señora de mis terrenos
familiares, un Domingo, que supe después que era
cuando todas estaban en casa y no salían a
trabajar, oí una voz que gritaba en la calle:
Tamales, Tamales, y nuevamente mi nariz percibió algo desconocido pero que
podría ser rico para comer. Sin saberlo fui,
desperté a mi Mamá Clemencia de un lambetazo
grande, y la hice salir a la terraza y en definitiva compro unos tamales.
Otra adicción culinaria para mi vida. Pero que
sabrosa también! .
Un día,
me dejaron sola porque todas debían salir,
entonces mi Mamá Clemencia me dijo antes de irse: Bueno Okina, te dejo tu
sabana dobladita junto al ventanal para que te distraigas mirando hacia la
calle mientras regreso, pero no se te vaya a ocurrir subirte al sofá
de la sala (me encantaba hacerlo porque era mullido, calientito y suave)
porque se ensucia y tu sabes que solamente con sabana puedes posarte en el
.
Regreso como a las dos horas y cuando abrió la
puerta se llevo la sorpresa de ver el sofá forrado
totalmente con la sabana que me había dejado junto
al ventanal y se oyó la voz de mi Mamá Ximena que
había llegado instantes antes,
burlándose de mi mama Clemencia
diciendole: Mamy, tu si eres un caso, dizque forrar el sofá
para que Okina se acueste en él. Claro, me
descubrieron porque vieron el huequecillo que hizo mi cuerpito cuando dormí
un rato ahí en uno de los lados. Pero,
afortunadamente no me regañaron.
Comencé entonces a salir todos los días
con un señor que no conocía), dar la mano, (hand)
y voltearme en el suelo (down), sentarme en dos patas y arrastrarme
lentamente por el suelo, (crish) al principio no entendía,
pero luego supe que el señor que se llamaba Nestor Villalobos iba a ser mi
entrenador de cabecera para poder presentarme a Exposiciones Caninas como lo
hacia mi Mama Yoryou (y fue varias veces Campeona). Pues que les dire
. . . Que de todas maneras disfrutaba estos
entrenamientos porque paseaba, corría, saltaba,
trotaba, me tenía que quedar totalmente quieta
cuando decía: Stay !. No podía
mover ni los ojos porque se enojaba, pero yo goce mucho todos mis
entrenamientos que continuaron con el tiempo con Idolfo Cardenas su auxiliar
y con sus hijos Anderson y Wilson. Esto por espacio de casi seis años o mas,
pero por ellos logre obtener magnificas posiciones y premios en mis
Exposiciones. Porque eso si, me paraba como una Reina, miraba a la gente
orgullosa, con mi cabeza bien erguida y eso si si veía
un perrito bonito, pues mi nariz casi llegaba a tocar el cielo, porque de
orgullosa y vanidosa y coqueta dicen que tenia mi buena dosis. Pero rico, de
todas maneras disfrute esas competencias pues me relacionaba con perros muy
bonitos, de varias razas y daba un paseo agradable cada vez.
Yo me
sentí feliz de ver felices a mi Mamá Clemencia, mi
Mamá Ximena y mi Mamá Claudia cuando me veían
exponiéndome. Era una forma de demostrarme cuanto
les importaba yo. Y yo era juiciosa y disciplinada como forma de
agradecerles sus cuidados y distinción por mi.
Bueno, pasaban los dias y yo cada vez mas contenta y brindadoles mas mi
amor, mis jugueteos y mis caricias y de vez en cuando picardias a mis mamas.
Un día
también, me acuerdo, vino la empleada de mi Mamá
Clemencia a casa, y como a mi Mamá la estaban peinando, y Ruth que así
se llama, tuvo que salir a la calle a hacerle una comprita a mi Mamá,
dejando a su bebe en el sofá de la sala
acostadito. De pronto oi algo como un llanto, pues era el niño, Sergio, el
mayor de Ruth que estaba llorando. Corrí de un
salto, me puse al frente de el con una pelotica que me había
regalado mi Mamá Clemencia que sonaba muy simpático
y me encantaba, entonces se me ocurrió ponerla a
sonar con la boca y cuando menos pensé, el niño se
había quedado dormido. Entonces, yo, con cuidado y
temiendo se despertara y llorara nuevamente, la deposité
en el suelo y me devolví a donde estaba mi Mama
Clemencia en Peluquería. Eso fue muy lindo pues no
volvió a llorar el bebe.
Otro
día, pasado un tiempo, mi Mamá Clemencia decidio
que nos ibamos a vivir a otra casita. En una casa "neva" (nueva), asi
me decia mi Mama Clemencia y me gusto pues al frente había
un parque hermoso en donde jugar, saltar, hacer down y todo lo que me
gustaba..
Ya,
para ese entonces, yo tenia como 11 meses o alguito mas. Entonces, siguieron
las clases de entrenamiento para exposición, y
comenzó mi vida de perrita niña-adolescente.
Como
me sacaban a pasear comencé a relacionarme con
nuevos amiguitos caninos y allí conocí,
a un doberman muy lindo y con el corríamos
dándole la vuelta al parque. El, no se por que, me
tenía como sustico, cuando yo se que los de su
raza son peleoncitos, pero nada, conmigo fue todo un caballero.
Desafortunadamente un día se enfermó
y se fue al cielo de los guau guaus, cosa que me desconcertó
porque no sabía por que no había
vuelto a verlo. Entonces mi Mamá Clemencia me explico que estaba malito y
aunque lo cuidaron ya no tenia remedio y mejor se había
ido a un lugar en donde jamás sufriría
de nada. Eso me tranquilizó, aunque lo extrañé
bastante.
Otro
día y ese si no me gustó
mucho, se me abalanzo un perro tan grande como yo, llamado Argos y trato de
faltarme al respeto según pensé,
entonces, ni corta ni perezosa y como no podía
hacer nada en ese momento sino mostrarle mis dientes dándole
una advertencia de que no se metiera conmigo porque tendría
que morderlo, pensé: otro dií
nos veremos y vas a ver como te va.
Y
como le fue: Un día
estaba paseando con mi Mama Clemencia cuando lo alcance a ver y ahí
fue la de San Quintín, no podía
desperdiciar esa oportunidad de desquitarme y demostrarle que a mi nadie me
falta el respeto. Infortunadamente no medí
ni mis fuerzas e impulsos y
para ir a castigarlo, halé tan duro la correa que
la rompí, mi Mamá salio
volando hacia arriba, y corrí desaforada al
encuentro de Argos. Bueno, pues lo que pasó fue
terrible, porque aunque no lo mordí, le abrí
de un golpe de nariz, no solamente la nuca sino le hice daño en una mandíbula.
Fue terrible y siempre me arrepentí de haber sido
impulsiva. Afortunadamente ni a mi Mamá Clemencia le paso nada con el tirón,
no se cayo, y por la tarde la mamá de Argos, una señora Italiana muy
querida, fue a pedir disculpas pues lo llevaban suelto y eso me tentó
para buscarlo. Pero fue el único perrito
que ataque en mi vida. No quise volver a ser brusca. Y ahora, cuando nos
cruzamos en el parque porque lo llevan como a mi de la correa, baja su
cabeza yo creo que o con miedo o pesaroso. Pobrecito, pero eso si me dan
ganas de volver a hacerle entender que no se meta mas conmigo y siempre es
que medio halo de la correa con la que me sacan, que entre otras, es linda,
llena de medallas con mi nombre y fecha de vacunaciones. Me siento orgullosa
de llevarla y como soy toda blanca, me lucen sus colores diferentes de
medallitas. Inclusive una es en forma de hojita de trébol
que llama mi mamá y otra en forma de corazón rojo.
Son hermosas.
Todas
las noches me voy feliz a mi camita a dormir, porque les cuento que tengo
una camita hermosa, con colchoneta, cobijitas,
almohada, sábanas y mis muñecos que mas quiero
para que velen mis sueños, porque sueño, que corro, que peleo, y a veces me
dice Mamá Clemencia que suspiro dormida. No se, pero ella lo dice.
En
fin, mi vida dicen mis mamás
que ha sido muy diferente a la de los demás
guau guaus, pues según ellas, no se por que dicen
que soy casi humana, no totalmente perrita. Será
porque por ejemplo vivo pendiente de cuanto sucede, y si veo algún
peligro para un niño, o veo sufriendo a mi Mamá Clemencia por sus cirugías
(le han operado cadera, tiene unas cosas puestas para el corazón,
y ahora se ha caído encima de todo y llego de la
clínica Santa Fe con una herida que a mi me erizo
el pelaje y me dio tristeza verla malita otra ve). Porque aunque no lo crean
yo me deprimo mucho cuando la veo triste, o si de pronto llora por alguna
cosa (pues es muy sensible), a mi tambien se me llenan los ojos de agua (que
ellas llaman lágrimas) y me deprimo y me acuesto
quietica o entonces a veces reacciono contrariamente, y me pongo a saltarle
a mi Mamá, apoyando las dos manos con fuerza hacia los lados, como quien
dice, vamos a jugar y le bato la cola fuerte, girando para que se alegre y
con la cabeza le señalo la puerta para que salgamos a la calle a pasear. No
me gusta para nada verla triste o enfermita. Es que la quiero tanto,
Respecto a mis paticas que tanto me dolian ( no les habia contado que me
operaron una vez la pata izquierda pues tenia los tendones rotos) y me
atendieron en la clinica del Doctor Yezid Triana (habia unos médicos
tan buenos y queridos como el y la primera noche de mi operación,
no me lo van a creer, me hicieron en el cuarto de medicos internos de noche,
(eran un doctor y una doctora) una cama en medio de la de ellos, pero no
crean que era cama de perritos, sino cama de personas. ! Me sentí
como una reina, me consentían, me hablaban, me
daban la comida y me cure rapidísimo. En esa
veterinaria había un jardín
hermoso en donde di mis primeros pasitos de convaleciente y me fue regio. Ahí
si que conocí amigos nuevos. Todos lindos,
elegantes, y nunca hubo una pelea con ninguno. A pesar de la herida que era
grande, estuve muy bien, y contenta. Solamente me hacían
falta mis Mamás y quería ir a casita rápido.
Continuaban pasando los días meses y años, y mi
vida era tranquila, alegre, con momentos a veces difíciles
pero siempre los sentí plenos de amor, de
cuidados, de ese cariño humano que a uno de perrito lo llena plenamente.
Y,
poco a poco, empecé a sentir que ya no podía
caminar, correr, como antes, y realmente me despisté,
no entendía que pasaba, pero siempre estaba a mi
lado mi Mamá Clemencia, pendiente de evitarme dolorcitos, incomodidades, de
brindarme alegrías sin tanto esfuerzo para mi, y
pasaba horas a mi lado cuando en mis últimos dias
me veía bastante agobiada. No se que me pasaba
pero algo tenia en mi cuello que me hacia respirar menos. Oí
que era que se estaba cerrando un poco mi traquea y no entraba suficiente
aire por ella. Fue duro, pero mi Mamá me ayudaba mucho a pasar ese ingrato
momento, pues eso también me estaba afectando el
corazón y realmente, aunque quisiera ser la misma
juguetona, que podia salir como siempre a mi disciplina de aseo en la calle,
era muy difícil, y un día
casi me muero de angustia y pena, pues mi popis sin yo quererlo se salio y
no alcanzaron a sacarme al parque a dejarlo allí.
Y así continué como unos
tres días mas. No se que le dijo el Medico a mi
mama Clemencia, algo como que no podía contenerlo.
Pero para mi era terrible, me sentía avergonzada,
aterrada de dejar eso en mi casita, yo que soy tan limpia y era algo que no
quería que pasara.
Y
. . . un día me empece a sentir
ya como que no quería moverme, me dolían
mis paticas, creo que mi estomaguito también, no
podía respirar . . . Un
día que llego mi Mamá de la Clínica
después de haber tenido que estar hospitalizada
por una caída, pues salí
a recibirla y de pronto se me fueron las luces y caí
al piso y no podía moverme. Fue una emoción
demasiado fuerte para mi. Eso altero mucho a mi Mamá Clemencia, me revivió
boca a boca, me dio un pedacito de sus pastillas para el corazón,
y con ello se que volví otra vez a ser
"personita", Infortunadamente cuando vino de
Barranquilla mi Papá Roger (otra emoción grande
verlo), volvió a sucederme lo mismo. Yo no podía
explicar el por que y claro otra preocupación para
mis Mamás.
Lo
ultimo que recuerdo de esos dias 14 y 15 de Diciembre de 2006, es que mi
Mamá estaba siempre a mi lado a pesar de tener su piernita enferma en
curaciones diarias pues con la caída se le abró
una herida muy grande, dolorosa y que me hacia angustiar cuando la miraba, a
pesar de ello el 14 de Diciembre en la noche se puso a mi lado, me hizo lo
de la ollita para que pusiera respirar, mi pastillita, los remedios que me
habíaa mandado Germán, y
uno muy bueno, que me hizo dormir tranquila y feliz toda la noche. Eso oí
que dijo al día siguiente, pues casi no me levanto
del sueño que tenía. Fue un memeyo ideal para mi.
No sentí nada desagradable y pude dormir y soñar
tranquila.
Al día
siguiente, casi no me levanto a ir a hacer mi pipi,.y cuando regrese, mi
Mamá Clemencia me dijo: Vienen tío Jaime y Tia
Chichila (como entendáa yo sus nombres) y vamos al
médico para que te den un memeyo que va a permitir
que jamás vuelvas a sentir ni el mas mínimo
dolor.
Eso
me alegro, me pusieron linda, con una camiseta de color amarillo precioso,
una bufanda roja que me regalo en las Navidades pasadas
mi médico Germán Moreno,
y, aunque estaba lloviznando, nos fuimos los cuatro, yo iba caminando bajo
el paraguas y bastón que llevaba mi Mamá
Clemencia, y estaba feliz pues hacia muchos días
no habíamos podido salir juntas dado lo de su
piernita, pero eso me dio alegría, sentir que iba
con ella. Detrás iban mis tíos
que muy queridos nos acompañaron para no dejarnos solitas y luego antes de
llegar a Doggy"s, hice juiciosa unos pipis, (ah, pero se me olvidaba, antes
de irnos mi Mama Clemencia me dio avena con leche y panela raspada (que me
encantaba y como 3 "uches" .). Eso si fue una parte linda de esa mañana.
Cuando estábamos subiendo las escaleras oí
que una señora que bajaba le dijo a mi Mama
Clemencia: Que hermosura de animal, hacia mucho tiempo no veía
uno tan lindo. Mi mama le contesto sonriendo a la señora:
Si, es linda, gracias. No dijo mas y dirigiéndose
a mi me dijo: Ves mi muñeca linda como todo el mundo te quiere y que vas
preciosa?
Cuando llegamos, bajé con mi Tio Jaime y mi Mamá
Clemencia al consultorio en donde me cortaban mis uñas, en donde me
examinaban siempre y también me sacaban sangre
para mis exámenes de laboratorio. Entonces, me
subieron entre el doctor y su ayudante Alex, a una camilla en donde mi Mamá
Clemencia puso una sabana de las miís. Que dicha,
eso no lo habíamos hecho antes, entonces sentí
mas tranquilidad, luego ella me abrazo, el doctor le dijo : Doña Clemencia
voy a rasurarle un poquito el brazo para hacer un examen de Sangre. A mi no
me extraño porque siempre que me examinaban de pronto me hacían
lo mismo.
Entonces de pronto me abrazo mas fuerte mi Mama Clemencia, me dio muchos
besos, me dijo que todos, Mamá Ximena, Mamá Claudia, Papá Roger y todos me
adoraban. Y, mirándola sin siquiera un suspiro,
quede dormidita en la forma mas linda del mundo . . .
y feliz de saber que jamás jamás,
me habían dejado solita en ningún
trance de mi vida. Por eso, los Amo, y como epílogo
de esta historia, digo que
siempre les amaré, les seguiré
cuidando, como se que ellos me
amaron, sin ninguna clase de violencia, ni de carencias para mi, siempre
estuvieron conmigo, y en cada acto suyo encontré
el amor mas lindo, mas grande y sincero del mundo para mi, para su
inteligente, linda, noble e inolvidable,
OKINA DE
TOKIO MOE
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