| ||||||||||||||||
|
Igual que los hombres envejecen así también los otros animales. Si nuestro gatito o perro de toda la vida, comienza a envejecer, debemos dedicarle una atención especial, pues si está bien cuidado, mantendrá un comportamiento casi normal hasta el último día de su vida, ya que una edad avanzada no es ninguna enfermedad, pero a medida que nuestra mascota va envejeciendo, los órganos vitales de su cuerpo se van deteriorando en mayor o menor medida. Los cambios más peligrosos son los que se producen en corazón, cerebro, riñones e hígado. Afortunadamente, esos órganos principales, conservan una actividad razonable, inclusive, órganos como los riñones en los gatos, pueden perder más de la mitad de su funcionalidad, sin que el animal muestre ningún síntoma de enfermedad.
Así, con cariño y los cuidados oportunos, guiados por su veterinario, un gato puede llevar una vida normal y activa, con una disfunción nefrítica avanzada.
Sin embargo, es necesario mantenerse alerta ante cualquier cambio en la conducta o hábitos de nuestra mascota, ya que puede deberse no sólo a cambios por la edad, sino que puede ser la manifestación de los síntomas de alguna enfermedad o sus efectos secundarios. Un gato o perro viejo, es menos dado a salir de la casa, pero a veces se tornan más exigentes en cuanto a la calidad y variedad de la comida. Algunos ejemplares pierden los dientes y otros adelgazan aún no teniendo ninguna enfermedad, y estando alimentándose de la manera habitual.
Investigaciones realizadas dentro de esta área, han arrojado la posibilidad, de que animales ya de cierta edad, presenten disfunciones cognocitivas, comparables a la enfermedad de Alzheimer. Esta situación puede presentarse con una disminución a la reacción de estímulo, confusión, desorientación, disminución de las interactividades con su dueño, lentitud en obedecer, cambios en los patrones del sueño, etc. Estudios en perros de edad avanzada han demostrado que los cambios estructurales que acompañan el decrecimiento en las habilidades cognocitivas son las mismas que se observan en humanos que sufren la enfermedad de Alzheimer.
En términos generales, se podrían hacer las siguientes recomendaciones para nuestro viejito: (sigue)
|