El Gran Billy

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Los perros que llegan al refugio, son mucho mas afortunados que otros que no les queda más remedio que conformarse con el medio duro de la calle . . .


 

 

En esta oportunidad les contaré pequeñas historias de la vida real, y, comenzaré por Billy, el nuevo miembro de nuestra familia.

 

Considero que si algún gesto de mi vida me hace merecedora de la paz celestial, es el de haber prestado oídos a los ruegos y lloriqueos de este galgo cuando estaba refugiado en Jerry Green, sitio en el que tenía casi un año viviendo, con buen trato, alimentación y bajo techo, pero uno más de los muchos canes que ellos acogen con todo amor. Los perros que llegan al refugio, son mucho mas afortunados que otros que no les queda más remedio que conformarse con el medio duro de la calle.

 

Pero aún y a pesar de toda la bondad, nunca un refugio es lo mismo que una familia. Billy que en su tiempo de Jerry Green, se llamaba Piper, debió haber soñado con un hogar, y, como dice David, me vio venir: cada vez que en mis visitas al refugio pasaba al lado de la jaula, corría hasta la puerta y comenzaba a llorar bajito, como diciéndome  “llévame contigo”, sin que los otros perros les oyeran sus súplicas. La última vez que fui, se me acercó, me vio con profunda tristeza, dio media vuelta y se fue al fondo de la jaula. A mí se me partió el corazón, me dije a mi misma, se decepcionó, creía haber leído   bondad en mí y sintió que se había equivocado. En ese momento, se disiparon mis dudas sobre su adopción, le dije a David, vamos a adoptarlo. Dos días después cuando vino mi hijo a visitarnos volvimos al Santuario y lo adoptamos , a pesar de que nos ofrecían otros perros, más atractivos y con mejores recomendaciones..

 

Billy, no lo podía creer, se comportaba muy gentil, manejable, conoció a Twiggy, que lo miró con máxima indiferencia, pero quien al darse cuenta que sería su compañero de vida, subió al carro prestamente y se sentó en el mejor puesto. Cuando Billy entró al carro, nos dimos cuenta de su verdadero tamaño. ¡Enorme!, ocupaba casi todo el asiento trasero, por lo tanto David y mi hijo, tenían que ir adelante y yo debido a que soy más pequeña me tocó compartir asiento con los dos canes.

 

Debo decirles nunca he visto un perro más feliz, de todos los perros que he tenido ha sido el más cariñoso y alegre, solo Bichita (una perra callejera que tuvimos) podría competir con Billy en cuanto a demostraciones de afecto se refiere. Su sonrisa cuando lo sacamos a caminar, su alegría al recibirnos cuando regresamos a la casa, aunque solo hayamos estado afuera media hora. Eso si, es destructor como el solo, ama a sus juguetes, a los que convierte en unos trapos que riega por toda la casa, tira por el aire, los saca al patio y se les orina encima, les saca las tripas, y los dispositivos que hacen ruidos (en eso se parece a Chowling, nuestro primer Chow Chow).

 

El patio lo tiene destrozado, siendo tan grande y veloz corre y me ha destrozado todos las divisorias de las jardineras, las corolas de la flores aparecen en la grama, las enredaderas caen al piso, ya veré que haré en la Primavera cuando vuelvan los narcisos y tulipanes.

 

Vivo con la escoba, la aspiradora y el limpia vidrios en la mano, pues su hocico lo pega de los vidrios de las puertas y los mancha, la tierra y la grama la esparce por toda la casa, se come los zapatos y medias que encuentre mal puestos.

 

De sus gases mortíferos, el veterinario nos dijo que no había remedio, creo que tendremos que comprar unas mascarillas para no morir envenenados. Mientras tanto prefiero la alegría y el cariño que Billy nos proporciona.

 

Colaboración: Mercedes Montero (Inglaterra)