| Los gatos originalmente, en su vida salvaje, son
animales solitarios, que una vez domesticados, necesitan la presencia
humana, y en los centros poblados, aceptan la compañía de sus
congéneres. Si a un gato se le impone la presencia de otro felino,
puede tener celos, y hasta puede ser que busque de agredir al
recién llegado. Este conflicto es diferente al que se presenta cuando es
por motivos territoriales, que es irremediable y propio de los gatos que
viven en libertad. La intervención del amo en los casos de la llegada de
el nuevo felino, eliminará el antagonismo, siempre que proceda de
forma que no justifique el rechazo del gato mas antiguo. Es decir, el
dueño no deberá mostrar preferencias, y ser equitativo en el trato con
el gato que ya estaba en el hogar, para eliminar cualquier motivo de
disputa entre ambos gatos.
El problema es diferente cuando se trata de un perro y un gato. En
este caso el conflicto también puede ser remediado, a menos que se trate
de un perro agresivo que demuestre particular aversión por los gatos; sin
embargo si se trata de un perro adulto siempre hay que tener mucha
prudencia, pues puede suceder que el perro adulto, mate al gatito
cachorro. Como regla general, se tiene que un gato adulto acaba siempre
aceptando a un perro que entra a formar parte de la familia siendo
todavía cachorro, un gato adulto nunca atacará peligrosamente a un
cachorro de perro, aunque puede marcar distancia inicialmente con bufidos.
Cuando se trata de gatos y perros que conviven desde cachorros, la
proverbial enemistad entre perros y gatos puede eliminarse, y no hay
ningún problema en la convivencia, pues se adaptan perfectamente en su
trato, siendo grandes amigos y dando muestras de perfecta armonía en sus
juegos y vida diaria.
Cuando se trata de convivencia con aves, o peces, o cualquier otra
especie que sean tradicionalmente presas de caza de los gatos, es
necesario colocar estos animales fuera del alcance del gato, ya que el
gato es un carnívoro depredador por naturaleza, y no es posible hacerle
comprender que entre sus posibles presas, no deben estar nuestros
canarios, periquitos o peces. Aún cuando hay algunos casos donde los
gatos pueden tener familiaridad con animales que habitualmente son sus
víctimas, estos son hechos aislados, y no deben tomarse como norma, y
siempre deben estar fuera del alcance de los gatos.
En este tema de la convivencia, es necesario tomar en cuenta la
relación de los gatos con los niños, los cuales no se dan cuenta que los
gatos aceptan juegos y bromas sólo hasta ciertos límites, a partir del
cual se genera una reacción. Debemos tener en cuenta, que ningún animal
es juguete, y los gatos en particular tienen poca paciencia para soportar
los caprichos de los niños. Sin embargo, los adultos que actúan
inteligentemente, pueden aprovechar la presencia de un gato en casa para
enseñar a los niños a respetar las exigencias de los demás, incluyendo
entre el grupo de "los demás", también a los animales. Los
niños y los gatos, suelen ser grandes amigos, siempre que los primeros
sean enseñados a respetar a los animales, y comprendan que ninguno debe
ser utilizado como juguete, o sometido a la imposición de
cualquier capricho o maltrato. |