Cuando su enfermedad le obligó a
ser ingresado en dicho centro, Canelo lo esperó en la puerta, pero el dueño
no salió nunca del centro pues falleció. Desde entonces, Canelo se
convirtió en la encarnación de la fidelidad canina, pues esperó durante
doce años la salida de su amo. El caso de Canelo tuvo revuelo
internacional ya que apareció en muchos periódicos y reportajes, incluso
la BBC.
Mientras esperaba, fue cogido por los laceros de la perrera municipal e
‘indultado’ por clamor popular. Tras varios intentos frustrados de
adopción, pues siempre acababa regresando, fue adoptado por el colectivo
ecologista AGADEN, cuidado por los trabajadores del centro y especialmente
por una vecina llamada Pepi.
Ahora, por iniciativa de AGADEN, con el visto bueno del Ayuntamiento, la
asociación protectora de animales y las federaciones de vecinos 5 de
Abril y Cadice, se ha decidido darle su nombre a una calle peatonal que el
animal frecuentaba. En el mismo callejón se grabará una placa
conmemorativa y se instalará una pequeña escultura de Canelo.
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