| El gato, ese pequeño animal, a la vez doméstico y
salvaje, ocupa un lugar indiscutible en el ámbito social de los seres
humanos. Aún cuando se adapta a las condiciones de vida que se le
imponen, mantiene sus características felinas que comparte con las impuestas
por la vida social, hasta el fin de sus días. El gato se destaca por
su inteligencia, astucia, autonomía y alta sociabilidad con los seres
humanos, pero manteniendo siempre su independencia, sin permitir que otros
animales, o seres humanos, sobrepasen los límites establecidos por él mismo.
Inteligencia felina:
Esta característica está plenamente definida, y le permiten
desarrollar aptitudes de conocimiento del medio donde se desenvuelve, sobre
el que establece mecanismos plenamente territoriales, marca su área de caza
y establece un perfecto sistema de relaciones con su
entorno, reconociendo personas y todos los elementos que lo integran. Por
esta razón, le es mas difícil aceptar cambios de residencia. Esta
característica, permite la propia conservación de la especie, especialmente
en la reproducción. El gato, es muy desconfiado, salvo en el entendimiento
con su dueño, en quien entrega su total confianza al existir un pleno
entendimiento.
Por su alto nivel de inteligencia, puede diferenciar a las personas,
distinguir la extrañas, y reconocer a su dueño en cualquier circunstancia.
En estos mecanismos de comportamiento influyen el olor, el tono de voz con
que se le hable, la fisonomía del individuo y las actitudes de éste para con
él. Un gato nunca aceptará como dueño, a alguien que le trate mal.
Para el trato con humanos, el gato establece una relación jerárquica:
su dueño es único, por lo que puede desarrollar una fidelidad total hacia
él. Aunque muchas personas le atribuyen esta característica sólo al perro,
el cual lo tiene muy merecido, es también posible en el gato, aunque para
ellos requiere de mayor tiempo de convivencia, y es dada de acuerdo al trato
que recibe.
Astucia:
Esta característica es muy importante en
el gato, ya que es indispensable para su auto conservación, y evidentemente
es indispensable en el ejercicio de la caza, aptitud fundamental para su
supervivencia silvestre, y que es aprendida desde las primeras semanas de su
vida con sus propios hermanos de camada, así como con la madre, su maestra
en el arte de caza. Este instinto de caza, lo mantiene el gato incluso con
sus necesidades alimenticias cubiertas. En la vida con los humanos, este
aspecto de su personalidad lo ha aprovechado también para satisfacer
sus gustos y preferencias, y sobre todo cuando se trata de conseguir un buen
bocado, siendo la astucia una característica indispensable para satisfacer
sus caprichos.
Autonomía:
La autonomía felina está perfectamente definida. Desde
que nace, es educado para no depender de su madre. Una vez terminada la
lactancia, la propia madre rechaza a sus crías, para obligarles a conseguir
el alimento por sí mismos. Por esta razón, nunca doblega su independencia,
pues no necesita de nadie para sobrevivir, y recibe de su dueño el alimento,
pero conserva su autonomía e independencia, y así lo hace saber.
Por todas estas características, el gato desarrolla una personalidad
fuerte y firme, que mantienen a lo largo de su vida, ya viva en un medio
silvestre, o aún cuando comparta su vida con seres humanos. Por estas
razones, es necesario dejar que el gato sea él mismo, sólo comprendiendo
esto, es posible ser su compañero, y también contar con un compañero
excepcional. |